lunes, 19 de noviembre de 2012

De presidente a pulpero y ladrón

Menos de 100 días atrás era impensable que alguien pudiera dirigirse o referirse a Leonel Fernández con otro tratamiento distinto al de presidente, pero acabamos de conocer que la vicepresidenta Margarita Cedeño, su esposa, alabando su discurso del pasado martes 13 de los corrientes, optó por exaltarlo como “todo un buen pulpero”, mientras que desde el segmento de la clase media lo señalan como ladrón.

Abundemos un poco sobre esos asuntos. Mire, la mayoría de la gente suele prestarle más atención a los sombreros, zapatos, carteras, vestidos y conjuntos súper caros que usa doña Margarita que a las cosas que dice.

Y eso es un error, porque las palabras de doña Margarita, cuando ella cree que debe sacar la cara por su esposo, son más valiosas que sus atuendos, pues se les escapan de su subconsciente, que no es cualquier subconsciente, porque se trata del subconsciente de la persona que mejor conoce a Leonel. Ese subconsciente ha estado almacenando secretos y controlando asuntos del personaje que controla los hilos del poder en la República Dominicana desde antes que a este le entregaran la presidencia de la República en 1996.

Si a doña Margarita se le salió eso de llamar “pulpero” a Leonel es porque exactamente como se maneja una pulpería han manejado ellos políticamente a la República Dominicana, algo que les dio muy buenos resultados, hay que admitirlo.Pero los tiempos cambian.

¿Qué es lo que ha hecho Leonel para mantenerse en el poder? Aplicar la fórmula de los pulperos agiotistas: acaparar primero, para vender a sobreprecio después. Durante las últimas campañas electorales, Leonel siempre compró a todos los políticos, sin fijarse en precio, con la seguridad de que el pueblo tendría que pagar después de las elecciones al precio que él pusiera a su mercancía. Cinco aumentos de los impuestos de 2005 a 2011 hablan con claridad del asunto. Es lo que quiere repetir ahora con Danilo Medina como presidente nominal.

Pero nada dura para siempre, y a Leonel le pasará lo mismo que al pulpero del barrio cuando los clientes pierden el miedo a que no les fíen, y en su propia cara le llaman ladrón, calificativo que irremediablemente lo conduce a la quiebra.

La gente, especialmente los jóvenes de la clase media -conscientes de que cargarán, si no se mueven, con el peso de la nueva tara impositiva- decidieron despojarse del temor y hoy le gritan a Leonel lo mismo que al pulpero en todos los puntos del país donde se organizan protestas contra la reforma impositiva. Y el asunto no es solo en el país, en varias importantes ciudades de varios continentes la diáspora dominicana que protesta por los abusos le llama ladrón.

Puede creerlo, no ha habido otro personaje en la historia dominicana al que se le haya llamado de esa manera desde tantos lugares del mundo a la vez, como a Leonel, con el agravante de que ninguno de sus allegados niega que lo sea. El sábado estuve frente al consulado dominicano de Nueva York y me sorprendí con la cantidad de gente joven que estaba en el lugar y parodió con la palabra ladrón el cántico que siempre se escucha en los estadios de fútbol. La quiebra viene, igual que la de Baninter o peor, porque ahora el hoyo económico es mayor.

Pero volviendo a doña Margarita, póngale atención a lo que dice, antes de que sus asesores la conminen a guardar sus palabras, como la conminaron a engavetar los sombreros. En su haber ella tiene el haberle dicho demagogo a Leonel en enero de 2011. Incómoda por la presión de la lucha por el 4% del PIB para la educación, nos reveló que la pareja presidencial se siente dueña de los fondos públicos, con la expresión aquella de “dejen de pedir dinero y más dinero del que le acabamos de dar, y el 4%...”.

Es que su subconsciente no pierde ocasión para dejarnos ver lo dueña que se cree de la pulpería, aunque oficialmente figure como vicepresidenta. Al referirse a la modificación del Código Penal en un aspecto que significa un retroceso para conquistas de las mujeres, hace solo un par de días, doña Margarita soltó esta prenda:“Mi recomendación bien tajante al presidente Danilo Medina es que observe la modificación…”. Para un buen entendedor, la expresión “bien tajante” le da categoría de orden indiscutible a la palabra recomendación. Espero que Danilo no se haga el sueco y cumpla con la orden, que es buena, al regreso de sus vacaciones.

Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones, y se apiade de la República Dominicana.


Rafael Calderón. Periodista dominicano residente en Nueva York

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