sábado, 26 de enero de 2013

De candidato caro a presidente barato

Lo único que necesita Danilo Medina para hacer lo suyo tranquilo (sin importar que esté ceñido y endureciendo el patrón presidencial leonelista-peledeísta) es tan simple como proyectar una imagen distinta, darle una maquillada a las viejas cicatrices de arrogancia y soberbia impresas en el rostro del gobierno que preside, y todo marchará como sobre ruedas en superficie lisa, sin ruidos que alboroten a los de abajo.

En esencia, eso es lo que ha trascendido de las conclusiones de los estudios en el seno de la población, ordenados por la máxima dirección de la corporación peledeista. La jefatura del PLD hace estudios, encuestas y mediciones sobre cualquier minucia, lo que menos Usted se puede imaginar lo tamiza en una encuesta, y es la razón por la cual su gente ha superado con éxito rotundo, en la aplicación del manejo perverso del Estado, a todos los demás grupos que han estado al frente del mismo.
Bueno, es que los peledeístas pueden ser todo lo irrespetuosos que el poder permite que sean, pero no son infalibles como se piensan muchos.
No hay duda de que el PLD sabe moverse de acuerdo al momento, y todo lo que hace la corporación más rica del país es lo que le conviene, sin parar mientes. Para quedarse en el poder con Danilo Medina a la cabeza, el grupo acordó quebrantar todos los límites de la prudencia y convirtieron a éste en el candidato más caro de la historia de las elecciones en la República Dominicana, conscientes de que sólo así podían retener el manejo del estado.
El momento era para gastar, comprar, chantajear, romper ojos. Todo empezó con Leonel Fernández anunciando el gasto de 40 mil millones de pesos para cambiar los resultados que aparecían en las encuestas a finales del pasado año. Luego hasta pudimos ver una foto emblemática de una voluptuosa corista uniformada de la campaña peledeísta bebiendo a pico de botella la carísima champaña Moet Chandon, acto que constituyó un mensaje cifrado a la juventud disoluta del país, que penosamente tal vez sea la mayoría, de hacia donde debía encaminar sus pasos en la campaña para obtener recursos para satisfacer sus deseos de cherchar y, de pasada, sus vicios.
Muy distinto es el momento actual. El PLD está sembrado en el poder, y empeñado en recoger lo gastado. Sus estudios les indican que lo que conviene es que los ciudadanos vean a Danilo como un presidente barato, pues así no se negarán a pagar mucho más de lo que antes pagaban para ser gobernados con la misma deficiencia y abuso de siempre. Y ahí tenemos al mandatario en funciones recorriendo el país afanoso y haciendo cualquier cosa que le indiquen -como saltar un charquito- para lograr el propósito.
Hay que admitir que todo iba muy bien en la campaña de vender humildad, pues la entrada “urgente”, supuesta o no, a un retrete de un cuartel de la policía y la foto sentado en un banco duro, entre otras minucias, llenaron su cometido. Pero el salto de asalto a inteligencia de los demás sobre el charquito fue muy burdo. Se equivocaron largo a largo en esa entrega.
Bueno, es que los peledeístas pueden ser todo lo irrespetuosos que el poder permite que sean, pero no son infalibles como se piensan muchos. Mientras más observo la foto, más crédito le doy a la especie que me llegó de que el saltito de marras fue una idea producto del entusiasmo de una conversación que se daba en la yipeta presidencial sobre el éxito que estaban alcanzando con las visitas “improvisadas” a lugares escogidos con rigurosa antelación, cuando apareció el curioso charquito en un terreno totalmente seco.
Dizque al ver el charquito, uno de los jefes de la estratégica campaña de abaratamiento de la figura presidencial, presuroso dijo:
-“Chofer, párese aquí, párese aquí”.
El chofer frenó el vehículo justo al lado del charquito, la huella de su llanta se ve clara en la foto.
-“Presidente, ¿usted se atreve, usted cree que puede brincar ese charquito?”, inquirió el creativo estratega.
-“Claro que puedo brincarlo”, fue la respuesta.
-“Ah, pues ya tenemos la foto especial de este viaje”.
El resto fue dar reversa al vehículo, poner al fotógrafo en posición y que Danilo -lo único estudiado en la acción- escogiera brincar sobre la franja más seca del charquito, como se aprecia en la instantánea que quedó grabada como uno de los mayores ridículos en la historia de los engaños presidenciales. Tan grande fue el ridículo y el engaño que es posible que haya dado al traste por completo con la campaña de abaratamiento del costo presidencial del mandatario designado. Con razón la difusión de la foto en los medios al servicio del gobierno fue más corta que el brinquito.
Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones, y se apiade de la República Dominicana.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Déjenos saber sus comentarios bajo la etiqueta de Anónimo, no olvide su nombre y su correo electrónico al final del mismo. Sin nombre y sin correo electrónico no publicaremos comentarios. Absténgase de comentarios ofensivos e inapropiados.

El Administrador.