jueves, 10 de enero de 2013

Un personaje de Voltaire

Un personaje de Voltaire

La delincuencia brota del paradigma de quienes nos dirigen

Escrito por: ANDRES L. MATEO

Se llamaba Francois Marie Arouet, conocido universalmente como Voltaire; y aunque su pensamiento es sinónimo de la ilustración parisina, su poesía es mundana, y su ingenio filosófico mira la historia como el producto de las pasiones humanas, más que por la intervención de la providencia.

En el año 1759 escribió “Cándido”, una novela que los dominicanos deberían leer, porque su personaje principal expresó en una frase toda la filosofía pequeño burguesa que vivimos hoy: “Hay que cultivar nuestro jardín”, dijo Cándido, y la escueta dimensión del universo quedó clavada como una perversión filosófica.
Tal vez eso sea lo que explique que en la República Dominicana todos los días ocurran grandes escándalos, y al final no pasa nada. Sobeida, el Cacón, Leonel Fernández, los senadores y su “barrilito”, Félix Bautista, una policía que es una máquina de matar y emplea los mismos métodos de los criminales que persigue, un Jefe de la policía que sustituye al poder judicial y aplica la pena de muerte cuando le da la gana, jueces con birretes que se venden sin ningún pudor, y un largo etcétera que es la decepción cotidiana.
Mientras los pequeños burgueses cultivan su propio jardín. Creen que éstas cosas no los alcanzarán, que es a “los otros” a quienes les suceden estos hechos.
De instante en instante, pueden arrojarse con ardor sobre metas más ambiciosas, pero será siempre “su jardín” el que cultivarán.
Yo siento que el signo de la irremediable locura de los hombres y las mujeres de este país, en las condiciones de la vida posmoderna, cultiva con más el jardín de Cándido, sólo que en medio de una contradicción que la “razón” no alcanza a explicar. ¿Cómo cultivar mi egoísta jardín, en un mundo que se reduce dramáticamente ante mis ojos? ¿No es dudoso que ese pequeño burgués sedentario, intelectual pagado, que acude a la oficina de FUNGLODE y besa la mano del perínclito, y le rinde pleitesía, no piense que entre el mundo real y él exista alguna relación?
El problema de “cultivar su jardín” es que la reproducción de la vida material va encanalleciendo el espíritu, va calcando en la máscara ruin de la cotidianidad nuestros miedos, y convirtiendo nuestros actos en el lugar de la ausencia, en un hecho del discurso, no en un acto de la voluntad.
¿No es lo que está ocurriendo? ¿Dónde están los “intelectuales” dominicanos que ni siquiera se indignan ante tanta corrupción y cinismo, que no son capaces de abrir la boca frente a la delincuencia de cuello blanco, y se afanan y sudan la gota gorda por la delincuencia común, sabiendo que no hay mayor estímulo para el crimen que la impunidad de los poderosos?
Ahí están, “cultivando su propio jardín”, como Cándido, ese personaje del liberalismo enciclopedista francés, a quien Voltaire hizo vivir sus insólitas aventuras justamente en tierras americanas.
Los pequeño burgueses, que son existencia y paradigma; que están siempre tan cerca de la gloria como de la abyección, ahora sólo se empinan para arar en su propio jardín.
Todo se ha desflecado. Lo insalvable del individualismo es que no funda ninguna posesión verdadera para el ser. No es más que relaciones externas, de comercio, ante las cuales el sujeto permanece indiferente, extraño, como un extranjero. Y es por eso que no somos un país, no encarnamos una nación. Somos un archipiélago de insomnes jardineros que únicamente han aprendido a cultivar su jardín. Aquí se han esfumado los proyectos sociales, y la delincuencia no brota de la nada, sino del paradigma de quienes nos dirigen y nos han enseñado que ya nada importa, que el valor del dinero y el poder todo lo borra.
¿Sería posible imaginarse la historia dominicana sin los apremios del pequeño burgués asediado? Los políticos que en nuestro país han manejado durante mucho tiempo el poder, son quienes mejor los conocen. Ahí están, cultivando su propio jardín.
Portándose bien y sonrientes en FUNGLODE , mientras Sobeida, el Cacón, Leonel Fernández, los senadores y su “barrilito”, Félix Bautista, una policía que es una máquina de matar y emplea los mismos métodos que los criminales que persigue, un jefe de la policía que sustituye al poder judicial y aplica la pena de muerte cuando le da la gana, jueces con birretes que se venden sin ningún pudor, y un largo etcétera que es la decepción cotidiana nos atosigan el diario vivir. ¡Oh, Dios, en qué jungla tan siniestra han convertido los políticos este país!

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